martes, 27 de julio de 2010


La pedofilia es un rasgo multifactorial en la personalidad del que la padece, y se compone de aspectos mentales, institucionales, de actividad, de educación sexual, de violencia, de control de las pulsiones, etc. En este sentido, se suelen distinguir dos tipos de pedofilia, una primaria o esencial, muy arraigada en el sujeto, y otra secundaria (u otras), que aparecería motivada por factores circunstanciales.
Por lo demás, en determinados casos en que la relación entre el pedófilo y el menor se prolonga en el tiempo, puede haber por parte del adulto un enamoramiento real con esa persona a la que él considera como su joven pareja, sobre todo cuando esta se halla en la edad de paso entre la infancia y la pubertad.
Existen, a este respecto, diversas asociaciones de pedófilos que reivindican la pedofilia como una forma más de vivir la sexualidad humana y que, en consecuencia, debe ser aceptada con naturalidad por parte de la sociedad.
Las conductas pedófilas son muy heterogéneas, desde casos inofensivos o casi inofensivos, hasta aquellos en que alcanzan niveles que entran dentro de lo criminal. La actividad sexual de un pedófilo con un menor cuando no media consentimiento por parte de este se conoce con el nombre de abueso sexual infantil o, también, pederastia(palabra que, etimológicamente, significa lo mismo que pedofilia);específicamente, a este tipo de pedófilo es al que se le suele conocer con el nombre de abusador sexual o pederasta. Con todo, no es raro que en la bibliografía especializada el término pedófilo sea utilizado como sinónimo de abusador sexual.

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